El sistema de salud y sus costos

No es posible que solo se discuta el problema de las isapres, que atienden a 3 millones de chilenos, y se deje fuera a los cerca de 13 millones que son atendidos por el Fonasa…

Inquietud causa en la población cada uno de los estudios que revelan que los costos de las atenciones médicas experimentan un continuo aumento. Desde luego, sube más rápido el gasto en salud que en cualquier otro de los grandes rubros y, por cierto, ese gasto aumenta más aceleradamente que el costo general de la vida. Así ocurre en todos los países con algún grado importante de desarrollo y así sucede también en Chile, tanto en el sector privado como en el sector público.

Las explicaciones que se dan son muy variadas, pero todo indica que son múltiples los factores que causan el fenómeno. Suele decirse que los avances tecnológicos de la medicina son uno de ellos y que traen aparejados mayor calidad y, según algunos, cantidad de vida. Quizá uno de los más llamativos sea el de los procesos diagnósticos por imágenes, tales como el escáner o las resonancias magnéticas. Pero también se menciona como causa del fenómeno la frontera creciente de la medicina, que ahora abarca ciertos aspectos estéticos y de comodidad para las personas. Se citan aquí las intervenciones quirúrgicas para reducir o agrandar partes corporales o las cirugías oculares que permiten eliminar los anteojos. A nivel agregado, no hay duda de que el envejecimiento de la población también produce un aumento general del gasto en salud, pues es un hecho conocido que, a mayor edad, mayores son los problemas que requieren de intervenciones médicas. No hay país desarrollado que pueda escapar de este hecho, que algunos han llamado el precio del éxito, pues a medida que la medicina va prolongando la vida, también la va encareciendo para aquellos que alcanzan edades que eran inconcebibles hasta hace poco tiempo. También suele mencionarse el mayor ingreso disponible de parte de la población de los países a medida que se van enriqueciendo. Una persona entrada en años y con algunas dificultades de salud, si tiene dinero, lo gasta con justificada decisión en prestaciones que le mejoren su calidad de vida y, en la medida que son muchos los que viven esa situación, mayor será el gasto en salud de la población.

Desde el punto de vista de los sistemas médicos que ofrecen prestaciones, la calidad y la frecuencia de los servicios serán los que determinen sus ingresos. Si cada persona consulta una vez por año, el gasto será menor que si en las mismas circunstancias, cada uno consulta cinco o seis veces en ese período, aun sin cambio alguno en la tecnología o en la calidad de los exámenes. De esta forma, por el solo aumento del número de consultas no cabe extrañarse de que el valor de los mismos planes de las isapres o el gasto del Fonasa sean cada vez mayores. Si el Fonasa se diseñó para que se compartieran los gastos entre lo que aportaban los cotizantes, los copagos que ellos harían cada vez que consultaban y los aportes del fisco -que fueron concebidos como un subsidio para aquella gente que no tenía la capacidad de pago-, hoy el aporte fiscal supera el 60 por ciento del presupuesto, debido a que lo que aportan sus usuarios no alcanza para cubrir lo que antes quedaba satisfactoriamente cubierto. En las isapres ocurre un fenómeno similar, pero sin subsidio alguno los precios de sus planes experimentan inevitables alzas.

El problema de la salud en Chile requiere un enfoque integral, pues no es posible que solo se discuta el problema de las isapres, que solo atienden a 3 millones de chilenos en condiciones bastante razonables, según lo indican los datos de la Superintendencia de Salud, y se deje fuera a los cerca de 13 millones que son atendidos por el Fonasa, con problemas bastante más serios. Si las dificultades de salud del país comienzan a estudiarse por partes o por subsistemas aislados, se corre el riesgo de poner en peligro el delicado equilibrio general, arriesgando un deterioro del sistema completo de salud.

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