Javiera Blanco y la reforma laboral: “No hay vuelta atrás”

15-03-2015
Decidida a avanzar con la reforma laboral tal como se presentó al Congreso está la ministra del Trabajo, Javiera Blanco. Asegura que pese a todas las críticas, el cambio a las relaciones laborales va sí o sí y dentro del marco de los 10 puntos que están presentados en la iniciativa legal.

A pesar de que las críticas a la reforma laboral suman y siguen desde todos los sectores, la ministra del Trabajo, Javiera Blanco, está tranquila y hasta cierto punto satisfecha, porque nadie se ha restado del debate. Por el contrario, ha sido tal el interés que ha despertado, que la comisión del ramo de la Cámara Baja ha debido extender las audiencias.

Con todo, este martes los legisladores tomarán el pulso a la iniciativa cuando se pronuncien sobre la idea de legislar, para luego entrar en el área chica: el debate de cada punto. Y frente a este escenario la secretaria de Estado es clara al señalar que han escuchado muchas observaciones y que están dispuestos a evaluar y acoger aquellas que permiten avanzar, y no en obstaculizar el camino ya trazado, porque la reforma laboral es un cuerpo integral que debe ser vista y entendida como un todo.

El economista José Luis Daza advirtió esta semana que de todas las reformas y cambios que estaba implementando el gobierno el que más le preocupaba era la reforma laboral. ¿Qué le parece?

Me llama la atención ese tipo de declaraciones. Tenemos la convicción de que hoy no hay ninguna posibilidad ni espacio que no sea sino avanzar en modernizar un acápite de las relaciones laborales, que no tiene nada que ver con el contexto político-social en que estamos. No hay ningún espacio para dar marcha atrás en esto. El gran acierto de la Presidenta Michelle Bachelet y de su gobierno en esta materia tiene que ver con haber puesto en jaque, en el debate, el plan laboral de Piñera después de 35 años. Hoy todo el mundo habla de la negociación colectiva, de las tremendas inequidades que se dan entre empleadores y trabajadores.

Pero entre sus detractores y dada la debilidad de las confianzas se dice que había que poner más el acento en el crecimiento…

El crecimiento no basta para avanzar en la equidad. Es insostenible que un país como el nuestro, donde tenemos un PIB per cápita de US$ 23 mil, muestre con la Casen que los dos últimos deciles concentren el 50% de los ingresos, y los dos primeros el 5%. Esa situación no resiste análisis. La propia Ocde ha dicho que los países con niveles de inequidad de esa naturaleza tienen un tope en el crecimiento.

¿Y usted cree que esta reforma tal como está concebida ayuda a terminar con esa inequidad?

El tema de la inequidad en las relaciones laborales hoy se da, por ejemplo, con esta legislación que tenemos que genera mucho incentivo perverso frente al colectivo (sindicato), ya que más bien los incentivos están puestos para no pertenecer al sindicato y eso a la larga ha generado una suerte de mito respecto de cómo éstos se ven. Incluso, hoy tenemos a muchas personas en el debate hablando peyorativamente de que esto es una agenda pro-sindical. Este proceso de incentivos perversos ha generado una suerte también de mirada distante, negativa, sobre un concepto que es muy positivo, como la capacidad de los trabajadores de ponerse de acuerdo entre ellos, de colaborar con el empleador, de buscar mejoras conjuntas.

¿Dónde cree usted que se produce la imagen de distancia que hay entre empleador y sindicato?

Si existe una ley que sólo puso énfasis, desde el primer minuto, en desconfiar de quien está al frente y verlo como enemigo, no hay que asombrarse que dicha lógica tenga hoy un correlato casi cultural. Además, se generaron incentivos perversos para generar conflictividad entre los propios trabajadores al tener sindicatos y grupos que negocian, o al hacer extensivos los beneficios de una negociación colectiva.

¿Es muy alta la conflictividad laboral en el país?

Es, es.

Pero según la Sofofa, el diagnóstico del gobierno es errado, porque la conflictividad es baja y así lo demostrarían las cifras de la misma Dirección del Trabajo (DT).

Pero la DT sólo registra los conflictos que se dan en el ámbito de la negociación colectiva, que es justamente lo que está debilitado en nuestro país, no hay un registro de la conflictividad fuera de ella y se buscan mecanismos alternativos. Basta ver el sector portuario, por ejemplo, todas las movilizaciones que se dan están fuera de la negociación colectiva y, por tanto, no quedan registrados. Un estudio reciente de la Cepal respecto de la conflictividad portuaria puso a Chile como el país más conflictivo, otro cuadro de la OIT muestra algo similar. Nadie puede pretender explicar el nivel de conflictividad por una fuente estadística que es muy buena, pero que no registra una serie de otros eventos.

¿Hay otros sectores?

Es cosa de ver a los distintos sectores productivos, el forestal, el minero, ¡por favor, nadie podría decir que esos son fantasmas! La cantidad de conflictos que hemos logrado bajar a través del diálogo con la DT es importante. Quienes dicen que no hay conflictividad tienen un diagnóstico errado y eso es no entender nada de nada del ámbito laboral que tenemos en nuestro país.

Da la sensación de que cuando el gobierno habla de fortalecer los sindicatos, los trabajadores son los buenos y los empresarios son los malos.

No ha sido la lógica, ni remotamente, de la Presidenta ni de este ministerio.

¿Y por qué, entonces, los empresarios sienten que no los escuchan y no les gusta este proyecto?

Son dos escenarios distintos. Uno es la opinión que se pueda tener sobre un proyecto, que es legítimo en la medida en que sean observaciones para avanzar y no críticas para detener. En la etapa prelegislativa escuchamos a todos y esta es una discusión que debe tener un buen final para todos. Lo otro es que se acojan las observaciones.

Pero, ¿por qué cree que no les gusta esta propuesta, si en el diagnóstico del gobierno la iniciativa ayudaría a elevar la productividad?

En general, lo que he escuchado en todas las audiencias tiene que ver con mejoras a ciertos aspectos. Tengo la sensación de haber escuchado muy pocas veces a alguien que dijera no avancemos para nada y cerremos, para ese tipo de comentarios no hay espacio. Si alguien pretende que se puede seguir desarrollando la relación laboral con el plan del ex Presidente Sebastián Piñera es que no entendió nada de nada. Esta puerta se abrió para no cerrarse. Lo positivo es que el 99% de las personas se ubica en la otra parte.

Lo que viene

Tras las primeras audiencias donde han expuesto varios expertos, ¿ha cambiado en algo su percepción respecto de estos temas?

Estamos muy satisfechos, porque el gobierno puso este tema en el debate y nadie se restó, todos aceptaron la invitación. Hubiese sido terrible y complejo ver invitados que no quisieran asistir, pero en la comisión hasta tuvieron que alargar las audiencias. Además, previamente se escuchó a todos los actores, hubo diálogo y hay que tener claro que esto no tiene vuelta atrás y, por eso, me llaman la atención las palabras de algunas personas que dijeron que es mejor no seguir, no avanzar en estas materias y quiero que quede bien claro que en esta reforma laboral no hay vuelta atrás, no hay vuelta atrás.

Una vez que se apruebe la idea de legislar viene el análisis profundo, ¿están dispuestos a hacer cambios al proyecto?

Lo que hemos hecho es estar en todas las audiencias. Hemos escuchado exposiciones de gente que está a un nivel muy sofisticado, como la economista Andrea Repetto y el ex ministro Ricardo Solari, cuyas ponencias fueron verdaderas cátedras, por mencionar algunas. El tema de las indicaciones es un debate que vamos a tener en el Parlamento. Lo más importante es que hemos presentado un proyecto integral, sistémico, que cuenta con estos 10 puntos, porque incorporamos el tema de la mujer. En el proyecto, se entiende que una parte se relaciona con la otra, por lo tanto, no es cercenable, es completo, equilibrado. Ahora, siempre vamos a escuchar y creo que cuando hay buenas ideas siempre es posible conversar.

En ese sentido, llamó mucho la atención una de las propuestas de la economista Andrea Repetto (planteó hacer automática la extensión de los beneficios de la negociación colectiva).

A ver, me gustó la forma en que ella abordó los temas, pero no me voy a referir a una idea en particular, porque sería poco feliz de mi parte hablar sólo de una exposición. El análisis y el debate se van a iniciar ahora en la comisión con los parlamentarios y eso tendrá que ver con el conjunto de ideas sobre la mesa.

Está bien, pero los temas que no están en la reforma y que han sido levantados por los invitados, como la negociación interempresa o el fin de las indemnizaciones por años de servicio, ¿se van a considerar o seguirán fuera?

De nuevo, la gente sabe cuáles son los 10 puntos. Nosotros hemos presentado un proyecto al Congreso en relación a las temáticas que nos comprometimos como gobierno a enviar al Congreso.

Entonces, ¿quedan definitivamente fuera?

Esto no quiere decir que más adelante, en otros escenarios, en otro análisis y debates estos temas puedan surgir. Pero hoy el compromiso es con estos 10 puntos, incorporar cualquier otro tema puede generar ruido, dado que el proyecto tal como está es integral y equilibrado y lo queremos mantener. Avanzar hacia la eliminación de las indemnizaciones por año de servicio como lo sugirió la Ocde es un tema que no abordaremos, no está en nuestro programa de gobierno.

¿Y tampoco la negociación ramal?

Insisto, lo que hay es nuestro compromiso de proyecto sistémico. Es un debate que tenemos que dar con los parlamentarios, porque en la concepción de nuestro gobierno y de este ministerio el Congreso no es un buzón. En la comisión tenemos parlamentarios que transversalmente han sido tremendamente colaboradores. Hemos visto compromiso, capacidad de apoyo, entonces, sería muy mezquino de mi parte dar cualquier observación o frase que los haga enterarse por los medios lo que podemos estar pensando. Responsablemente digo que las buenas ideas que tengan que ver con el proyecto vamos a analizarlas.

Ministra, ¿es un mito o una realidad que Hacienda no quería este proyecto dado el escenario de desaceleración y la crisis de confianza que marcó 2014?

Hoy tenemos un Ministerio de Hacienda súper comprometido con los temas país y eso tiene que ver con los temas económicos. Con el ministro Alberto Arenas hemos tenido un nivel de coincidencia absoluta en la importancia de avanzar en esto, ha sido no sólo grato, sino que hemos generado equipos en conjunto que han tenido una muy buena relación. No voy a entrar en el detalle de si esto existió o no antes, lo importante es hoy. Lo que hay es una sinergia, una coordinación absoluta no sólo entre ministros, sino que también de parte de nuestros asesores, como Macarena Lobos, Roberto Godoy, la coincidencia es total en todas las directrices que nos ha dado la Presidenta.

En ese escenario, ¿la eventual presentación de indicaciones lo verán en conjunto?

No me podría adelantar a eso. Primero, tenemos que terminar la escucha, aún hay etapas pendientes y creo que este tipo de señales son bien sensibles y no se pueden dar señales equivocadas de que aquí se van a tomar decisiones a puertas cerradas.

A diferencia de lo que ocurrió con la reforma tributaria, o la educacional, ¿usted espera que la Nueva Mayoría se cuadre detrás de su proyecto?

La Nueva Mayoría se sintió totalmente identificada con el proyecto, todos lo apoyaron, porque es una adhesión programática, aquí no hay una orden de partido, está en el ADN de la Nueva Mayoría. Es insostenible una sociedad con este nivel de inequidad y con este nivel de distancia.

¿Y qué espera de la oposición?

Voy a hablar por las comisiones de trabajo, que aun cuando ha habido opiniones bien distintas han sido un aporte. Me sería muy difícil pensar que no lo van a aprobar en general, sería como decirle a la gente que preferimos seguir con el plan laboral. Otra cosa es lo que se dé en la votación en particular, porque ahí tenemos varios parlamentarios que son especialistas, vamos a debatir y a analizar cada buena idea.

A propósito de especialistas, en el verano cobró fuerza la idea de que varios puntos de la reforma laboral serían inconstitucionales, ¿el gobierno está tranquilo, han encargado estudios al respecto?

Sí. Los niveles de inconstitucionalidad que algunos señalan vienen del hecho de que la Constitución reconoce que el derecho a negociar es de los trabajadores, pero siempre las normas se ven en conjunto y la Constitución es un todo, al igual que nuestro proyecto, y en ese todo lo que dice la Carta Fundamental es que efectivamente el poder de negociar es de los trabajadores, pero también dice que una ley establecerá la modalidad. Eso por una parte, y segundo, esa modalidad que hoy dice que la negociación colectiva se da a través de sindicatos también tiene un respaldo constitucional, porque es allí donde se reconoce a los grupos intermedios, y cuáles son los grupos intermedios, los que tienen carácter de permanente en la sociedad, no los transitorios. Y ese reconocimiento es lo que establecimos en la ley con los sindicatos, por tanto, asidero constitucional tiene de todas maneras.

No obstante, hay quienes advierten que habrá un desfile hacia el Tribunal Constitucional si se aprueban estas normas.

Ha sido algo que también he escuchado en el debate, pero cuando lo hemos explicado, en general a la gente le han hecho sentido nuestros puntos.

Otra crítica que se ha hecho desde el ámbito económico es el impacto negativo que podría traer la reforma en la generación de empleo, ¿lo desestima?

Primero, estuvimos trabajando con especialistas de la Ocde y no hay evidencia de que procesos de modificación de normativas laborales de esta naturaleza hayan tenido un impacto en materia de empleabilidad. Segundo, cuando estás diciendo que hoy hay una ley que perjudica el entendimiento, que acentúa el conflicto y generas un debate para mejorarla, donde los trabajadores tengan un poder de diálogo importante de igual a igual, donde se puedan debatir no sólo los temas salariales, donde además vas a incorporar ciertas materias que son muy rígidas o no representan siempre la voluntad de trabajadores y empleadores, eso tiene un impacto positivo en la productividad y eso, a su vez, tiene un impacto positivo en el empleo. Insistir en el daño al empleo es un debate ideológico.

Caso Caval

Hoy todas las miradas están puestas en la relación negocios-política-ética, el valor de las instituciones, en este clima, ¿cree que hay espacio político para llevar adelante la reforma?

Creo que el escenario político hoy ha incorporado un nuevo tema. La reforma laboral se ha venido debatiendo desde antes y estaba en el programa de gobierno en 2013, cuando planteamos como norte superar la inequidad. Ese debate ha tenido fuerza desde el primer día, porque tiene que ver con mejorar las relaciones laborales. Ahora, este tipo de debate mantiene su fuerza y quizás más que nunca en un contexto donde se habla con fuerza de las inequidades en materia política, cómo cerrar esos espacios de sentir que unos tienen un poder mayor que otros, confirma la fuerza que tenía y que por algo era tan importante haberlo puesto desde el inicio. Por eso hay que abordar el tema de la inequidad en distintas esferas y la Presidenta tuvo la lucidez de ver esto hace tiempo al proyectar un país con crecimiento y equidad.

¿No le quita un poco de legitimidad al discurso de la equidad la situación que vive su hijo, Sebastián Dávalos?

La situación del caso Caval, al cual ella ya se refirió, se está analizando en la sede que corresponde y la señal que ella ha dado es de total transparencia, con claridad respecto de lo que hay que hacer como país, que es avanzar en las materias relevantes: equidad, educación, igualdad de oportunidades y probidad. Y este último tema ella lo abordó ya desde su primer gobierno al pedir la declaración de los ministros, por ejemplo. Ella ha logrado adelantar temas que son importantes, por eso me llaman la atención quienes piensan que estos temas nacieron hoy.

¿Tras el caso Dávalos no le ha sido más difícil comunicar la agenda del gobierno?

No. Lo que uno ve hoy es un ciudadano que observa más, que espera más y que, por tanto, lo que hacemos desde el servicio público es explicar bien lo que queremos hacer. Creo que fue el gran acierto del programa; quien puso los temas ciudadanos fue la Presidenta. Cuando se habla de mejorar las relaciones laborales se empatiza con la gente y eso no tiene nada con ser populista. Hay un norte súper claro si queremos ser país desarrollado, que no es lo mismo que tener un PIB per cápita alto.

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