La guerra sexista que desató el aire acondicionado en las oficinas

11-09-2015
Expertos holandeses dicen que las mujeres prefieren tres grados más
La fórmula para calcular la temperatura se basa en un hombre de 40 años, 70 kilos y 1,65 metros. Pero se hizo en los 60, cuando las mujeres casi no trabajaban.

Que las mujeres sufran de frío por el aire acondicionado en la oficina ya es un clásico. La pelea es con los hombres para que suban la temperatura porque ellos siempre la quieren más baja y, además, son quienes la controlan, porque los departamentos de mantención de las empresas son mayoritariamente masculinos.

En 1902, el estadounidense Willis Haviland Carrier, recién graduado de la Universidad de Cornell con una maestría en Ingeniería, ayudó a un impresor de Brooklyn que luchaba contra el calor y la humedad en su taller para obtener impresiones que no se corrieran. Creó la primera máquina de aire acondicionado de la historia, en base a tubos enfriados. Nació el concepto de climatización de verano, aunque recién en 1921 ideó el método para acondicionar el aire en grandes espacios.

En los 60, el ingeniero danés Ole Fanger hizo una prueba con 1.300 personas para buscar la temperatura ideal en ambientes de trabajo, considerando sexo, edad, distribución del edificio y el lugar donde estaba instalado el aire acondicionado. Su objetivo era que el 80% de los trabajadores estuviera cómodo y concluyó que la media se conseguía a partir de un hombre de 40 años, 70 kilos y traje de tres piezas. Ahí está el origen de la queja femenina.

Desde México, el secretario del Capítulo de Guadalajara de la Sociedad Americana de Aire Acondicionado, Refrigeración y Calefacción, Cuauhtémoc Aguirre, advierte: “Todavía se usa porque es la medida internacional y porque es más simple: un hombre maduro de 70 kilos y 1,65 metros de estatura”. Recalca, eso sí, que “en esa época los hombres eran los que trabajaban y las mujeres se quedaban en la casa”.

Marta Martínez, ergónoma de la Mutual de Seguridad, sostiene que hay normas internacionales que se usan como referentes en Chile, como la 55-2010 de la American Society of Heating Refrigerating and Air Conditioning Engineers, que fija las temperaturas en verano entre los 23 y los 25°C y en invierno, entre 20 y 24°.

El problema es que estas reglamentaciones son estándar en circunstancias que una investigación realizada por Boris Kingma y Wouter van Marken Lichtenbelt, de la Universidad de Maastricht Medical Center en Países Bajos y que fue publicada en mayo por la revista “Nature climate change” primero y luego en “New York Times”, el cuerpo masculino es capaz de generar más calor que el femenino con un mismo nivel de actividad. “Mientras los hombres prefieren trabajar a unos 22° C, ellas se sienten más cómodas con tres grados más (25° C)”, dijeron los holandeses. Pese a las diferencias de sensibilidad, determinaron que la temperatura de máxima comodidad para ambos sexos es con la piel a 33 grados.

Kingma apuntó: “Creo que la solución es tener más departamentos separados en las oficinas y hacer más flexibles y personalizables las condiciones térmicas”.

“La variable sexo es relevante por diferencias fisiológicas. La temperatura de la piel es distinta, al igual que la capacidad evaporativa y el metabolismo, que en las mujeres son ligeramente inferiores. Esto está relacionado con la grasa corporal (mayor en mujeres) y la relación volumen corporal. También está el tema hormonal. Sin embargo, se han realizado experimentos sobre la temperatura percibida entre grupos de hombres y mujeres y las diferencias son mínimas (de 1 a 4°C)”, apunta la experta de la Mutual.

-¿Se puede lograr un consenso en las oficinas chilenas?

-No es nada fácil, no sólo entre hombres y mujeres, sino entre un grupo diverso de personas como los que se desempeñan en labores administrativas. La temperatura percibida tiene relación con una serie de factores, entre ellos la edad porque a mayor edad es menor la tolerancia al frío; el sexo porque existen diferencias fisiológicas entre hombres y mujeres; la constitución corporal (por ejemplo, las personas con sobrepeso toleran mejor el frío); la aclimatación al frío o al calor; la vestimenta y la actividad desarrollada. Este último punto es clave, ya que en las oficinas, el trabajo suele ser sedentario y por ende, generamos menos calor corporal. Con tantas variables en juego, algunos tendrán que ceder.

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