La nueva vida del cajero de Hualpén

21-12-2015
El 29 de julio, unos delincuentes lo rociaron con combustible y le prendieron fuego para asaltarlo. Hoy no trabaja y congeló sus estudios. Vive en Chiguayante y continúa con sus terapias, que han evolucionado positivamente. “La justicia es demasiado garantista”, dice.

No han sido meses fáciles para Pablo Ramírez Arias (34), el cajero de Servipag a quien delincuentes le lanzaron un líquido combustible y le prendieron fuego para robarle, el pasado 29 de julio, en Hualpén, Región del Biobío.

Crisis de pánico, insomnio y un arduo trabajo de rehabilitación han marcado la vida de Pablo después del incidente. La Tercera se reunió con él para conocer cómo ha vivido este proceso.

“En un principio se comentó que yo me resistí al ataque y nunca fue así; tuve cinco segundos de interacción con los delincuentes y eso bastó para que me prendieran fuego y marcaran mi vida para siempre”, relata, aún nervioso y shockeado. Han transcurrido casi cinco meses de aquel fatídico día, pero Pablo lo recuerda todo muy bien.

Para este funcionario, oriundo de Penco, su familia ha sido su pilar fundamental y asegura que “todos los días me siento orgulloso de mi esposa Carolina, por enfrentar con entereza y valentía lo ocurrido”. Ella luce cansada, pero se mantiene optimista. “Ha sido agotador este proceso, pero tenemos la fe de que vamos a salir adelante”, cuenta con una tímida sonrisa.

Pablo está concentrado en su recuperación. Ya no trabaja en la empresa donde ocurrió el ataque y congeló sus estudios de ingeniería en prevención de riesgos. Asegura que su vida hoy transcurre mucho más lento: “La veo con otros ojos, estar en una situación límite, como la que me tocó vivir, hizo que me replanteara muchas cosas; ahora estoy disfrutando a mi familia”.

Fanático del cine y la música, positivo, esforzado y emprendedor. Así lo definen sus vecinos y cercanos. El dice que eso no ha cambiado, pero sin duda ya no es el mismo Pablo de antes. “Es extraño, yo era como el protector de la familia, pero ya no te sientes con la capacidad de defender lo tuyo, me dejaron en un estado de miedo e inseguridad, que no sé hasta cuándo va a durar”, dice.

Tras casi un mes en UCI de la Mutual de Seguridad de Santiago, donde logró recuperarse de graves quemaduras y daños a las vías respiratorias, el 28 de agosto Ramírez fue dado de alta. Ese mismo día se trasladó a Concepción para continuar la rehabilitación en su hogar. Desde entonces ha seguido el tratamiento kinesiológico, sicológico y siquiátrico, además de una terapia ocupacional.

Su esposa cuenta que al principio iban a terapia física todos los días, pero era muy agotador. “Para él fue muy desgastante, a pesar de estar en casa más tranquilos, el proceso ha sido complejo en lo físico y sicológico”.

Claudio, su terapeuta ocupacional, da un pronóstico favorable respecto de la recuperación física. “Los avances que Pablo ha tenido no se ven a menudo a pesar de sus graves quemaduras y de que la pérdida de masa muscular ha avanzado mucho en términos de movilidad y motricidad fina, pero hay cosas que nunca se van a recuperar, sobre todo en relación a cicatrices y coloración de los injertos”, explica.

El mismo paciente califica su proceso de recuperación física como exitosa. Sin embargo, lo sicológico es diferente. “A pesar de todos mis esfuerzos, ese tema ha sido lo más fuerte, despierto con pesadillas y tengo crisis de pánico, a veces siento la sensación de que me voy a morir”.

Cuando Pablo Ramírez regresó a Concepción, declaró que levantaría una bandera de lucha contra la delincuencia. Hoy, radicado en Chiguayante, manifiesta que su prioridad es recuperarse y disfrutar de su familia. “En un principio me sentí súper comprometido con la causa (…) pero va pasando el tiempo y tu forma de ver las cosas cambia, descubrí que hay muchos asuntos que tengo que resolver conmigo primero”.

Opina que, en Chile, hace falta que se unifiquen las voluntades políticas de todos los sectores. “Para mí un es un tema que debiera ser prioridad (…) para los delincuentes es fácil, somos muchos los que sentimos que la justicia es demasiado garantista”.

Agrega que “el gobierno ya no empatiza con el ciudadano común, hacen reformas para ciertos sectores, pero dejando temas tan importantes como la delincuencia de lado; espero que en el futuro se pueda sintonizar más con la gente y la forma como nos afectan estos problemas”.

En cuanto a su futuro como prevensionista de riesgos, Ramírez pretende llevar su experiencia a su nueva área laboral. Además, dictará charlas motivacionales a otras personas afectadas.

Imputados aún en prisión preventiva

El miércoles reciente, en el Juzgado de Garantía de Talcahuano, fueron reformalizados los presuntos autores del ataque a Pablo Ramírez. Se trata de los hermanos Jorge M. P. (27) e I. N. M. P (17). Actualmente ambos se encuentran privados de libertad, uno en la cárcel El Manzano, luego de su intento de fuga en Coronel, y el menor en el Centro de Internación Provisoria y de Régimen Cerrado en Coronel (CIP- CRC).

En la audiencia al menor se le imputó un robo con intimidación que habría efectuado en 2014, en el mismo lugar, en contra de otra cajera de Servipag. “Ella lo identificó como uno de sus atacantes, quienes utilizaron el mismo modus operandi, pero en esa oportunidad lograron robar más de 6 millones de pesos”, detalló el abogado de Pablo Ramírez, Renato Fuentealba.

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