Reforma laboral: las cifras que avalan debate sobre extensión de beneficios

10/02/2016

Hoy la mayoría de los trabajadores que no participa de la negociación colectiva, ya sea a través de un sindicato o un grupo negociador, recibe los beneficios pactados con el empleador. Puntualmente, siete de cada 10, según datos de la versión 2014 de la Encuesta Laboral (Encla), elaborada por la Dirección del Trabajo. Eso sí, el marco general muestra una muy baja existencia de convenios y acuerdos colectivos.

La mirada del mundo empresarial es que los reajustes de sueldos, la entrega de bonos o el perfeccionamiento de condiciones laborales no pueden depender de la afiliación del trabajador a un sindicato, razón por la que considera fundamental mantener la capacidad de extender o no los beneficios.

Además, “los recursos los pone la empresa y no el sindicato”, afirma el abogado y ex asesor de la comisión laboral de la Sofofa, Huberto Berg, quien agrega que una segunda razón para extender beneficios es “no discriminar”. “No puede ser que una persona sea de primera categoría sólo porque se sindicaliza”, sostiene.

La lectura de Berg tiene un correlato en el mundo empresarial. Si bien la negociación colectiva sigue siendo una excepción y no la regla, la extensión parcial o total de beneficios sí es una práctica generalizada. Según cifras de la Encla 2014, sólo en 17 de cada 100 empresas se desarrolló una negociación colectiva entre 2009 y 2013. El 68,1% de esas empresas -con acuerdos vigentes- entregó los dividendos a los trabajadores que no participaron de la negociación.

¿La principal razón? “Mantener un buen clima laboral, no discriminando entre trabajadores respecto de sus salarios”, explicación que utilizó el 68,8% de los empleadores. En menor medida se ubicó “porque así se acordó con el sindicato o grupo negociador”.

Sin embargo, desde el mundo sindical creen que “el argumento del buen clima laboral es una mentira” y que el verdadero motivo para extender beneficios es debilitar la acción de los sindicatos. La lectura es que un trabajador no tendrá razones para afiliarse a un sindicato, intentar negociar colectivamente y eventualmente adherir a una huelga, si al final de día igual recibirá los dividendos que deje el proceso.

Mecanismo “maldadoso”

El vicepresidente de la CUT, Nolberto Díaz, asegura que la extensión universal de beneficios “es un mecanismo ideado en la dictadura para quitarle valor a la organización sindical, para que dé lo mismo estar o no en el sindicato”.

“Es un mecanismo maldadoso, utilizado para debilitar al movimiento sindical”, sostiene el dirigente.

“No te metes al sindicato, recibes los beneficios igual e, incluso, cotizas menos al sindicato y no quedas fichado. Es ideal para los empleadores”, complementa.

En la Nueva Mayoría concuerdan con el vicepresidente de la CUT. El senador socialista Juan Pablo Letelier (ver nota secundaria) cree que la extensión universal de beneficios “se ha usado como práctica antisindical durante los últimos 37 años, es algo que está a la vista. Si no, los empleadores acordarían negociación colectiva y se pondrían de acuerdo con los sindicatos para extender los beneficios al resto, pero eso es lo que no ocurre”.

El tema será resuelto por el Congreso, que debería despachar la reforma laboral en marzo. Extensión de beneficios -junto a reemplazo en la huelga y negociación interempresa- se mantiene como un foco de tensión, que impide al oficialismo sellar un acuerdo en torno al proyecto, especialmente con un grupo de senadores de la Democracia Cristiana.

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